Cuento: Instrucción Venérea

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ADVERTENCIA: MATERIAL EXPLÍCITO

Los higos son pezones desterrados de mi cuerpo

rosas necróticas que huyen de mi pecho

crisálidas buscando volar hacia tu boca

—Angel A. Ruiz Laboy, Hemisferio de las Sombras

Capitulo 1: Llegada a la Libertad

IMG_1519Trabajaba en una cafetería del viejo San Juan, más por exigencia moral que por necesidad económica. Se llamaba Liberté; estaba a una esquina no muy lejos de donde flotaba el muelle de los cruceros. Allí ejercía su faena todas las tardes, y soñaba despierto por las noches. Aveces pensaba en el pasado; en como no le agradecía a la guerra del golfo, el haberle arrebatado a su padre, antes de haber tenido juicio para formar un recuerdo. Muchas otras veces meditaba en el presente, en lo agobiante que era la crisis actual del país, y en el estrés que le causaba su deterioro. Y muchas otras, se desconcertaba por lo que podía traerle el futuro. Se preguntaba si debía mudarse a los “estados”, en busca de ese algo mejor. Si debía ser IMG_1520parte del éxodo, de los miles que habían salido huyendo de la isla por terror a lo que pudiese pasar, al caos y a la anarquía social. A buscar ese sazón, esa chispa. O si debía quedarse con su madre sobreprotectora, arraigada a su suelo de campo sureño. Engullía un porvenir que no le traería nada nuevo, al menos eso creyó.

Hubiese enlistado en el ejercito si no fuera por las presiones de su madre. Aquella que desarrolló una extrema aversión a todo lo que tenía que ver con ejercicios bélicos, y que no escatimó en tratar de heredarle. El brío de la juventud, sin embargo, hacia que Jon quisiera buscar esa pizca de entretenimiento y reto entre la posibilidad de la adrenalina. El sentía la necesidad de cubrir el déficit de un “no se qué”. Mientras lo averiguaba, se la pasaba dando sorbos de café, sentado en una esquina de la libertad. Mirando hacia fuera del cristal el va y ven de la gente de todas partes del mundo, que visitaba la parte colonial de la ciudad.

—Jon, Jon, ¡Jonathan!

—¿Ah? ¿Qué?

—¿Qué qué?  ¿Como qué qué? Que sigas trabajando chico y te espabiles de ese viaje cabrón que tienes.

—Sorry Mara, últimamente ando más loco que una cabra.

—Sí, lo he podido ver. Ponte a meter mano —mientras aplaudía fuertemente—.

—¡Oye estás bien negrera! no me dejas ni soñar.

—¿Como va a ser? —en tono sarcástico. Es más para que no te quejes —mientras mira el reloj, y le daba un golpe repetido con la uña—, son las diez y media de la noche, ya lo que queda es media hora para cerrar. Te puedes ir por que por lo visto no va a venir más nadie, y así descansas bien. Pero vienes bien despierto mañana.

—Yes! ‘love you Mara!

El chico se despide de su gran amiga y gerente con un abrazo muy fuerte y un beso en la mejilla. Se quita el delantal rojo y lo engancha en la pared. Suelta su pelo negro ondulado, que tenía hasta por encima de los hombros y hace su salida del establecimiento. Iba a paso apresurado, y mientras bajaba las escaleras de la entrada, nota que se acababa de estacionar un aparente cliente.

Un carro negro, con el símbolo de un tridente en el bonete (una marca que nunca había visto). De este sobresalía la elegancia, y el brillo se reflejaba, brotando de entre toda la oscuridad circundante. Al deliberar unos segundos —consigo mismo— decide devolverse. Ya estaba un tanto rabioso, pero pensaba, en que era lo que debía hacer al fin y al cabo. Aunque la realidad detrás de todo fue que sintió un poco de intriga, por ver quien era que andaba en aquel vehículo.

Se apaga el motor del carro y lentamente se baja un hombre. Aparentaba tener algunos cuarenta años de edad a lo lejos. De manera desinteresada, se iba acercando a Liberté, y en el lento proceso, el joven expectador se percata de su extraño e interesante porte. Lo miraba como quien no quería la cosa, muy disimulado. Estaba vestido un poco desaliñado, pero formal, como si hubiese salido de una fiesta o algo por el estilo. Este aparente socialité era de tez blanca y tostada, venía con un sombrero de “newspaper boy” que ocultaba la mayoría de su rostro. En el proceso de observación, el muy pronto cliente comienza a subir las escaleras, para entra al local. Este le pasa por el lado a Jon sin que este pudiera sacar todas sus conclusiones, en medio de su indiscreción.

Jon se quedó estático por un momento, tratando de interpretar la reciente ráfaga de olor a tabaco, ron y perfume que connotaba limpieza, perspiración y misterio. Aquella que este hombre dejó al pasar. Discernía… al transcurrir tres segundos de paladeo, se dio una media vuelta. Aquel relajante aroma le provocó emociones y sentimientos de índole paternal. De modo que subió las escaleras, se puso el delantal y de manera casual, se dirigió a la mesa donde se encontraba aquel buho.

—Good evening sir! Welcome to the Liberté, How may I help you?

—Deme una sopa de brócoli—dijo sin hacer contacto visual—.

—Disculpe, creí que era gringo.

—No te preocupes. —Sube la mirada hacia Jon—

—¿Y para tomar desea algo? —Pregunta, mientras sentía que era deborado por la firmeza de unos ojos verde laguna, enmarcado por abundantes cejas—

—Agua.

Jon va a la cosina con la orden. Al comenzar a echar la sopa al plato, Mara lo ve y le dice “¿entonces? Yo a tí te hacia lejos.” A lo que sin mirarla a la cara le respondió “Me dio remordimiento”. Este se devuelve con la orden rápidamente atendida. Miraba la bandeja de primera instancia y al salir a fuera del counter, ojea hacia su destino. Notó como este hombre aún lo miraba de forma directa y estática. Al atisbar que el camarero se acercaba, sacó un libro que tenía en el bolsillo y comenzó a hojearlo para retomar un tanto de prudencia.

—Aquí tiene señor.

—Oye ¿No ibas de salida?

—¿Ah? ¡Sí! Es que creí que ya no vendrían más clientes —dijo con un ligero gagueo.

—¿Cual es tu nombre?

—Jonathan.

— Oh, que bien. ¿Y estudias?

— Si Periodismo, estoy en mi último semestre. Ya mismo me graduó

—Sabes, tengo unos libros muy buenos de periodismo en mi casa.

—De veras.

—En realidad tengo libros de toda clase. Me gusta leer mucho, y coleccionar lo que leo, más que nada. Estoy tratando de convertir mi apartamento en una biblioteca. Esa es mi nueva manía.

—Que bien. Jamás había escuchado algo por el estilo.

Mara interrumpe la conversación diciendo que ya eran las once de la noche y que era hora de cerrar el local. Al atender esto, el caballero, termina de comer su sopa rápidamente, se apura para salir y le da las gracias a Jon. Este asiente con la cabeza y comienza a recoger los platos para llevarlos al lavadero. Al volver a la mesa, el caballero ya había partido. Jon limpiaba la mesa y nota que hay una propina de cincuenta dólares. Al lado, el libro que este hombre tenía en sus manos. Lo levanta y se da cuenta que era Plata Quemada de Ricardo Piglia. Este sonríe pues lo había leído. Lo abre por curiosidad o reflejo. En su primera página había una nota que decía: “Si te interesa leer un poco en tu tiempo libre llámame para que me visites”. Y en la cercanía, una tarjetita de presentación que decía “Simón Ben, doctor en filosofía y letras.

 Capítulo 2: Preambulo a la brasa

Estaba parado en la avenida Ashford en Condado. Se encontraba frente a un edificio de fachada onerosa y arquitectura vanguardista. Entró al lobby, el cual parecía la recepción de un hotel y se registró con el guardia de seguridad. Entra al ascensor, y presiona el piso veinte de manera indecisa, sintiéndose un tanto intimidado por el lugar. Llega. Era de hecho el último, el penthhouse. Se para en frente de el único apartamento que había, toca la puerta, y luego de un sonido mecánico, esta se abre. Respira hondo, se pasa la mano por el pelo, acomodandose las bangs hacia atrás, mira la hora del celular —las siete y media— se mira los zapatos; entra.

Jon se quedó en el umbral, estupefacto, tratando de disimularlo. No quería sentirse fuera de lugar o al menos demostrarlo. El lugar entero era como una librería adaptada a un extravagante y a la vez sencillo apartamento. Había libros por doquier, muy hermosamente acomodados. Eran ediciones recientes, se podía ver a lo lejos. “Este hombre debió haber gastado una fortuna” pensaba. Todo el mundo, sabe que los libros no son nada baratos, y esto era en definitiva un lujo. Las paredes del lugar eran de cristal y el piso de mármol. Desde donde estaba parado, se podía ver una gran vista a la costa de la playa de toda la ciudad. Simón cocinaba; ya estaba terminando de hecho, y mientras empezaba a servir saludaba con una sonrisa al visitante, quien no se había movido aún. Le hace señas de que se acerque y se siente, al verlo todavía estático. El ambiente estaba templado, estaba acondicionado a esa temperatura. Se ve que así había estado todo el día.

Simón solo llevaba puesto unos long johns grises, muy ceñido a su cuerpo. De tela bastante delgada. Parecía estar creando un ambiente de total relajación, doméstico, dado que la temperatura era diametralmente opuesta al calor de la isla; hasta se cargaba una actitud laid back, llevando solo ropa interior. Bueno, Eso era en definitiva debatible.

—Esta haciendo bastante frío.

—Es agradable así

—No estoy seguro por que vine, pero tenía curiosidad con los libros, no lo voy a negar.

—Tranquilo. Come, para que el frío no te le quite la temperatura a la pasta.

—Si, señor.

—Mejor dime Simón, no soy tu profesor ni nada que se le parezca.

Luego de haber comido y hablado un poco de vanalidades políticas, Jon se para y comienza a explorar los libreros de la sala. Se mueva de derecha a izquierda, mira de arriba a abajo, hasta llegar a la pared de cristal del fondo. Con cara de deleite continúa hacia el otro lado de la sala, mirando los libros y notando lo bien resguardados que están. Eran dignos de robar. A el le encantaba el género de fantasía, en especifico la épica, por que la ciencia ficción, la tomaba por pendejadas.

Simón lavaba los platos y al verlo en su odisea, le gritó desde la cocina “puedes llevarte los que quieras para que los leas”. Jon lo mira con cara de sorpresa, pues era exactamente lo que esperaba escuchar. Al acabar le dice al joven que lo disculpara por unos cinco minutos que iba a tomar un baño. Este asiente. Toma un libro rojo, se sienta en un mueble gigantesco en forma de media luna con frente hacia el mar. No podía contener aún el sentimiento de extrañeza que le causaba el lugar, pero no se sobrepreocupaba, después de todo no era un bebe. Comenzó a leer, o mejor dicho a hojear un libro de ensayos “Imperialismo y la Hegemonía Implícita”. Le llamó la atención el título, por alguna razón. Al pasar unos minutos escucha una voz decir “¡Jon! necesito que me hagas un favor. Búscame una toalla en el laundry frente a la cocina, por favor.” Este le grita “¡Ok!”

Extrañado, se dirige hacia la cocina, sigue el pasillo, hacia el cuarto que estaba enfrente, el cual era el laundry. Busca en todos los gabinetes y no había nada, absolutamente nada. Movía la cabeza de un lado a otro. Sale nuevamente al pasillo entre el laundry y la cocina, y se percata que al extremo del pasillo opuesto de donde se encontraba, quedaba el baño. Lo dedujo por la singularidad de la puerta de cristal ahumado. Entonces decide gritar “No hay nada, Simón”. Jon se queda estático, esperando algún feedback para saber que tenía que hacer ahora, y fue cuando vio una silueta acercarce detrás de la puerta.

Simón desliza el portón y sale del baño. No tenía nada más puesto que los bellos mojados de su cuerpo. El pelo de su cabello goteaba, a su vez le tapaba la frente y parte de su ojo izquierdo. Caminaba lento y cabal, en dirección hacia Jon. Este joven estaba pasmado al verlo desnudo. Comenzó a dar pasos hacia atrás, lentos y suspicaces, hasta chocar con la pared. No pudo disimular la cara de sorpresa, al ver el atractivo proporcional de aquel cuerpo en movimiento. Aquellas piernas largas, pecho brioso —el cual notó desde su llegada— con tetillas anchas, color durazno, piernas largas de pantorrillas fuertes, hombros amplios y antebrazos sutiles, que se acercaban en conjunto más y más. Todo eso marchaba al unísono.

Sus ojos se aguaban por la conmoción del momento, mas no podía dejar de mirarlo, algo no se lo permitía. Aquel hombre imponente, de barba corta y abundante, estaba ahora pasos más cerca. La figura se hacia cada vez más grande ante su vista, más definida. Menos lejana. Más palpable. Había salido del pasillo opuesto, pasado por la sala y ahora se adentraba al pasillo en donde se encontraba. Caminaba en una linea recta que amanilaba. Simón podía ver el rostro ahora claro de Jon, y aunque no cambió su expresión, no pudo evitar que le diera gracia. Jon comenzó a ver de cerca la linea de vellos que pasaba por el centro de su estomago tonificado, su ombligo, hasta llegar a la pelvis, encuadrada por sus pronunciados oblicuos. Estos que traian venas que llegaban hasta la base de su pene flácido. Tenía un cuerpo helénico, digno de esculpir. Uno de aquellos que maravillan, amedrentan y espantan. Con piel gruesa, y a la vez suave.

Ahora lo tenía de frente. Simón se hechó el pelo jet black a causa del agua, hacia atrás, mientras se le escapaba una sonrisa por la comisura de los labios. Levantó el brazo izquierdo y lo pasó por encima del hombro de Jon, hasta llegar con su mano a la pared. Le dejó la axila muy cerca de su cara. Jon volvió a sentir aquel olor que lo aturdió hace un par de días. A consecuencia, entre cerró los ojos y dejó caer un poco la cabeza. No pudo poner refreno a aquel letargo. Y menos podía lidiar de frente con la seguridad estruendosa de Simón.

Este hombre intentaba alcanzar algo que Jon no podía ver, y al ver que no podía de primera instancia, se hechó unos pasos más al frente. Ahora Jon estaba preso entre el pecho de aquel hombre, y por el mareo circunstancial, no pudo evitar rozarlo con la cabeza; terminó recostándose sobre él. Lo olía. Lo respiraba. Movía su cara de un lado a otro, rozando los bellos de su pecho con la nariz. No estaba del todo consciente de lo que hacía, pero la realidad era, que había sido arrebatado de su propia custodia.

Simón alcanzó un gabinete, lo abrió y sacó una toalla, sin hacer ningún movimiento brusco. Miró unos segundos al estado de aquel joven que tenía recostado sobre sí y no pudo evitar sentirse instigado. Comenzaba a tener una erección, de aquellas que nublan la razón y la lógica. La palma de las manos le empezaron a arder. No estaba seguro de lo que iba a hacer. Luego de unos segundos, tomo la barbilla de Jon y la levantó. Este no estaba nervioso, estaba en un estado de tranquilidad; andaba perdido en un limbo. Pese a encontrase en una situación extraña, con un hombre al que no conocía, en un lugar al que nunca había venido, ahora estaba relajado. Simón lo miró a los ojos profunda y fijamente. Buscaba algo en aquel joven, de lo cual no estaba seguro.

Capítulo 3: Licencia de Emancipación

Simón toma a Jon de la mano, tiró la toalla a un lado —pues de todos modos ya estaba los suficientemente seco— y se dirigió a su habitación que se encontraba al lado del baño. Era blanca, sin ningún tipo de presencia emocional, como fotos o alguna referencia a su vida; solo había libros colocados en anaqueles pequeños de cristal, esporádicamente colocados por las paredes. Le comenzó a desabotonar la camisa a rayas, desmoronando el preppy look que a aquel joven le gustaba tanto usar.Él no ponía resistencia, estaba totalmente hipnotizado, por él, por su olor a verdor de páramo, por aquella mirada que lo transgredía cada vez, por el color de esos ojos esmeralda desteñida, por su firme agarre. Jon se medio espabiló. Antes de que el caballero prosiguiera, el joven le agarró sus manos por un momento, y un tanto vacilante le preguntó, sin levantar la mirada “¿Qué vas a hacer?”. Al escucharlo, Simón lo agarró por los hombros y se lo pegó a su cuerpo. Lo abrazó contra sí muy fuerte, como si pudiera leer que necesitaba mucho de eso que le proveía en esos segundos. Así lo sostuvo, en su regazo por un buen lapso, como dejándole saber sus intenciones de alguna forma u otra. Lo soltó y lo miró con seriedad y compromiso. Jon quedó complacido con la contestación a su pregunta.

Sé desabotono sus pantalones cortos caqui de tela, y luego su ropa interior. Estaba semi erecto. Estaba excitado no tanto por lo sexual de la circunstancias, si no por la intimidad que anticipaba tener con esa otra persona a la cual podía sentir a plenitud. Simón lo llevó consigo a la cama, y lo recostó suavemente. Luego este se le tiró encima con sutileza. Se miran. Simón se acerca suave y seguro a su cara y lo besa. Ninguno cerraron los ojos. Se aleja un poco. Al ver que no se inmutaba, lo besó ardorosamente. Lo rosaba brusco con su cuerpo; Jon olía e inhalaba su aliento a menta, su perspiración, su perfume… había algo en aquel hombre que le ofuscaba, que quería cerca de sí. No lo podía explicar, pues desconocía su naturaleza, pero existía. Su presencia le daba seguridad, se sentía inmune y predilecto.

Simón lo coge fuerte y lo vira hacia abajo. Este mira afuera del cristal, buscando el mar, pero no pudo. La luz del interior del cuarto, creaba un reflejo en el cristal, evitando que se pudiera mirar hacia afuera, y dando del efecto de espejo. Ahora se veia a su amante y sí mismo. Simón sacó una crema de una mesita de noche, la cual unto en su pene y alrededor del ano del joven. Con cortesía, fue penetrandolo. Primero la punta. Jon lo miraba. Luego de un rato la cabeza.Él miraba a Jon. Luego todo el cuerpo del miembro hasta la base. Se miraban el uno al otro a través del reflejo, entendiendo que se había formado un acoplamiento, una unión más que física en aquel instante. Simon agarraba a Jon por su cintura mientras lo penetraba suave y terso. Le hacia Presión para que arqueara su espalda. En esa posición permanecieron un buen rato. El chico, entre dolor y placer, trataba de no hacer ruidos ni quejidos, lo entendía inoportuno. Y a pesar de no haber tenido experiencia con lo que ocurría en aquel momento, se sentía a gusto, por que lo estaba haciendo con Simón. Se dejaba llevar, aunque no estuviera seguro de las consecuencias.

Estaba comenzando a tener indicios de un orgasmo. Jaló a Jon por el hombro hacia atrás para pegarlo completamente a su pecho y oprimir su cuerpo contra el suyo, estando aún de rodillas. Lo apretó contra sí; lo cogía suavemente. Apretaba el pecho de este joven, luego su estomago, hasta llegar a su pene. Lo masturbaba mientras lo penetraba. Muy pocos segundos después, Jon eyaculó. Lo hizo, como nunca antes pensó. Lo hizo como jamás le había pasado con su novia. La presión que ejercía cada chorro de semen al salir de su pene era tal, que empujaba a Simón un tanto hacia atrás.

Este oso aún lo aprisionaba. El ver el éxtasis de su amante, provocó que se viniera dentro de él. El hecho de tenerlo recostado y sin fuerzas contra sí, hacia que sus espasmos fuesen casi convulsorios, pese a tratar de contenerlos por civismo.

Perdió tantas fuerzas, que se tiró tendido a la cama, y sin más remedio, Jon cayó sobre él. Rápido, quedaron dormidos. Estaban en posición fetal, uno detrás del otro. Simón se rehusaba a sacar su pene fuera del cuerpo de Jon, pese a su flacidez post eyaculación. Se reusaba a dejar de sentirse conectado a él.

Al cabo de las siete de la mañana, el invitado se despertó por la luz del sol que entraba candente por hacia el cuarto. Se sentó, al borde de la cama, sintiéndose culpable, de algo. Accidentalmente, mira las manchas de las secreciones seminales, y se incomodó. Se amarra su pelo en una dona, al percatarse de que hay un desayuno tibio en la mesa de noche y sobre esta una nota escrita en un post it “Llevate los libros que quieras, vuelvo en una semana a Puerto Rico”.

Jon ignoró tanto la nota como el desayuno, se comenzó a vestir con la cara arrugada y caminó fuera del cuarto. Antes sin embargo, no pudo evitar notar que la puerta del closet se había quedado entre abierta, y notó algo inusual. Dió unos pasos en reversa, y poco a poco lo abrió. Había un set de diez uniformes azul marino comouflage. Los observó por un momento a lo macro, sin evitar evadir la sorpresa. Tomó uno en sus manos. Escaneaba con su mirada. En el pectoral derecho del top se leía “Ben”. En el izquierdo “U.S. Navy”. En el centro, había el símbolo de una águila plateada. Luego de mirarlo unos segundos más, lo engancho. Y salió del apartamento. Justamente entraba una señora, vestida como personal de limpieza, con la cual cruzó la mirada. Ella le dijo buenos días con una expresión censuradora, como si supiera que había hecho algo. Al menos eso creyó él en su momento de delirio de persecución; por lo que no respondió. Tomó el ascensor y se fue sin mirar atrás.

Los días subsecuentes, se mantuvo muy callado y pensativo. Meditaba en lo que sea que había pasado. No contestaba ni las llamadas, ni mensajes de su novia. La ignoraba. No sabría como darle le cara. Aún no terminaba de asimilar un par de cosas. Decidió guardar aquel suceso en el baúl, y lo intentó olvidar como si nunca hubiese pasado. Decidió entretenerse con su cotidianidad.

Una semana pasaba. Eran las once de la noche. Mara y Jon cerraban la libertad y se despedían frente al establecimiento. Doblaba de la esquina un carro rojo, con un tridente en el bonete, hasta llegar al frente del local; frente a él. Se desmontó un hombre uniformado. Este no pudo evitar sentirse pasmado, sin movilidad, ante la situación que no preveía en definitiva. Se acercaba en su particular indumentaria, se quitó el sombrero, que le escondía ligeramente los ojos, y se le paró frente a frente a Jon, como una muralla, alta y ancha. Se sacó un libro de su cargo pocket y con mucha mesura se lo entregó a Jon.

—Te lo traje de Cuba. Lo compré en una librería de Guantanamo. Es sobre periodismo censurado del régimen… llegué hace como unos cuarenta y cinco minutos.

—Mire coronel, With all due respect, creo que ha ocurrido un mal entendido.

—¿No quedamos en que me dirias Simón, Jon?

—Yo no estoy seguro que es lo que usted cree que yo soy… lo que pasó, no puede repetirse. Ese no era yo —decía con tono de voz comedida—.

—¡Jonathan por favor! —con frustración en su hablar—

Jonathan le dio la espalda, e intentó irse. El coronel molesto, lo agarro fuerte por el brazo, para evitar que se moviera. Entrelazó su mano con la de él. Este joven no pudo evitar sentirse estremecido por aquel gentil gesto. Estaba reconociendo, en ese preciso instante, que había comenzado a sentir algo por el tipo este. Algo a lo que no le veía ni pies, ni cabeza, y mucho menos fundamento lógico. Simón le dijo “quédate conmigo” con una expresión de necesidad. Al escuchar aquellas palabras con sinceridad abyecta y valentía, se volteó a verlo a la cara. No pudo evitar que se le aguaran los ojos por la vergüenza y el sonrojamiento. Simón, lo abrazó fuerte, pues lo había extrañado, y Jon aprovechó para perderse en aquel olor que tanto la llamaba la atención. Se apretaban el uno al otro. Al cabo de unos minutos, se montaron en el carro, y se fueron al apartamento de Simón. Se amanecieron conversando, conociendose, haciendose preguntas sobre la familia, sus vidas pasadas y otras cosas.

“Aún sigo molesta con Jonathan, no lo voy a negar, lo que hizo es una falta de respeto. Pegarme los cuernos con un hombre, por favor. Pero ya lo perdoné, pues después de todo, era un buen muchacho. De hecho me la iba a desquitar. Lo obligué a prometerme, que me enviaría todos los meses un libro por correo, sin importar donde anduviera. Actualmente llevo doce joyas en mi librero, y contando. Parece que después de todo, salimos ganando los tres.”

Poema: Abundancia de Migajas

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IMG_1510El día de hoy quiero hacer una dedicatoria a unos bloggers a los cuales les tengo agradecimiento. Esto debido a su modestidad; al hecho de hacerme sentir acogido a la “blogosfera” por medio de sus visitas, sus lecturas, y por su intercambio de palabras en este espacio. Han dejado sentir su presencia en PROVERBIA, de forma tal que en las estadísticas, tengo en un recuadro con sus fotografías, las cuales veo constantemente y siempre llevo presente. Desde ahora les aclaro a los lectores, que mi intención es entablar una conversación muy personalizada, cada ves que usted se toma la molestia de comentar en mis entradas —lo cual aprecio—, y si no le he respondido, es por que ando sobrecargado, y planeo hacerlo con la más prontitud posible. Gracias a estos escritores, por su amabilidad, y les dejo saber desde ahora, que tienen un espacio reservado muy especial conmigo y siempre los tendré al pendiente.

1. Al autor de Tintero y Pincel

2. José Cervera, autor de Ritual de las Palabras

3. Crissanta, autora de La Realidad Alterna

4. Charlipap, autor de Deproart (a quien no puedo conseguir, alguien por favor dígame que pasó con este compañero y su espacio…)

5. Agnes Imbert , autora de Palabras Interiores

6. “Casalita”, autora de Vivencias

Ustedes son los invitados de honor de este espacio, pues han estado siempre al pendiente de los escritos que por así se ofrecen, y su constancia a la hora de compartir su criterio en los post, ha sido muy grata para mi persona. Por eso les quiero regalar un gran abrazo y la dedicatoria de este poema:

Títere de las circunstancias

monigote de la fortuna

y fantoche de un cautiverio

con mi porvenir en sus manos.

Obligado a sujeción

de ávidas procedencias

con yugo a control remoto

y límite perimetral.

Como colonia a metrópoli,

como satélite a planeta,

así depende esta existencia

del mendigar caridad abyecta.

Mis manos han de estar atadas

y mis fuerzas diezmadas

mas me encuentro en medio de un cúmulo

que me reviste de indumentaria.

Reconozco que cojeo

y que por igual manqueo

pero el sostén que me brindan es tal

que me permite caminar recto,

frente en alto

y sin titubeo.

Poema: Anarquía del Ser

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IMG_1504“El día de hoy quiero solemnizar las “diez mil visitas” y los “mil suscriptores” al blog PROVERBIA. A su décimo mes de vida, este blog me ha permitido compartir porciones recónditas de mi pensar y sentir con muchas personas las cuales jamas pensé iba a interactuar y aunque este proyecto lo emprendí en un momento muy oscuro de mi vida, lleno de sufrimiento y amargura, me regocijo, por que ha sido mi más grande terapia. En este espacio me permito ser diferente, revolucionario y crítico, puedo filosofar con gente que me ofrecen una interesante perspectiva para contrastar, pero lo que más adoro: el conocer gente nueva, para convertirlos en parte especial de mi ser. Por eso hoy le doy las gracias por medio de un poema, con mucho furor, el cual un amigo me solicitó hiciera para recuperar a su pareja y que lamentablemente no se pudo materializar. En adición, quiero anunciar, que estoy trabajando en tres cuentos eróticos-pornográficos uno heterosexual, uno homosexual y otro lésbico, a los cuales voy a publicar el mismo día dentro de muy poco, para una vez y por todas satisfacer las peticiones de aquellos que leyeron Entre Las Cortinas y La Angustia de Winston y saciar su sed de más. Con este gesto, quiero incluir a este portfolio la diversidad sexual y la sexualidad sin olvidarme claro del erotismo explícito, y aclarar que esto es un espacio para las minorías primordialmente, y claro, para discutir temáticas insurrectas —ja, ja, ja—. Así que esperen pronto la nueva cartelera literaria. Quiero agregar, que en la sección del autor, dejé escrito la dirección de correo electrónico, por si cualquiera de ustedes le interesa compartir sus pareceres a modo más detallado o simplemente hacerme cualquier comunicado, siéntase bienvenido, pues le prestaré la atención que usted se merece. Y sin más preambulo…”

El cosmos se implociona nefasto

sobre una cabeza de juicio opaco

reprocha su infinitez réproba

con sabor a hiel y soledad

Se ha extraviado el sol

y a buscarlo salió la luna

por un sendero de tulipanes lascivos

y faltos de dirección corpórea;

se desvanecen en busca de paz,

se alejan de la abrupta terrenalidad

Masas seculares celebran el paganismo

ante el regocijo de una delictiva desunión

y mientras nostalgia y prudencia deliberan

el equilibrio del reino de este mundo,

este pierde su candente estrella 

al ser adjudicada a la inconsciencia

Por no discernir el valor de mis posesiones

preso de espejismos, conjuros y brebajes viles

subo a una brújula de penitencia

en busca agobiada de mi norte

y los catorce vientos de la roja aurora

me arrastran ante tu prodígio

para que pudiera entrelazar mi piel

con el emanar de tu pureza

Artículo: Adopción entre Parejas del mismo Sexo

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IMG_1007El otro día hablaba con un buen amigo, al cual aprecio con el alma y es casualmente cristiano protestante, y se me ocurrió molestarle entablando una conversación que a él le pudiese parecer incomoda. Toqué el tema de la homosexualidad, con el cual obviamente no iba a estar de acuerdo, debido a su “firme” creencia, pues su sistema ideológico no le permiten apoyar dicho estilo de vida. Esto, él me lo había comentado con anterioridad, más a eso agregenle que el es un machista de “siete suelas” —y yo que para agregarle más bomba a la ecuación, soy feminista— necesitaba muy poco de mi parte para entrar en provocaciones dadas las circunstancias. Usando lo mejor de mi retórica pese a haber sido muy temprana hora de la mañana, pues tenía que acompañarlo al hospital, empezé entonces con las argumentaciones sarcásticamente amistosas. Luego de un rato de deliberar puntos a favor y en contra sobre esta controversial comunidad llegamos al tema de la adopción.

Le pregunté “Fulano ¿Cuál es tu parecer respecto a la adopción de parejas del mismo sexo?” y él con toda severa seguridad me contestó “no lo apruebo, ¡Tu lo sabes mejor que nadie!” Duré un rato pensando en una posible devolución a esa afirmación, y fue entonces que un tanto preocupado le dije “Pero mi hermano, estás consciente  de la cantidad de niños necesitados que existen en este país, sobre los cuales el Departamento de la Familia tiene la custodia a falta de buenos padres. No nos vallamos más lejos, mira en la República Dominicana y Haití, cuantos huérfanos en la calle, viviendo bajo condiciones en la cual ningún menor debería, sin comida, ni techo, ni amor… ningún tipo de seguridad. ¿No crees qué alguno de ellos se merece una mano, una ayuda, independientemente de quien venga? Teniendo en cuenta que muy baja es la población de padres heterosexuales que estaría dispuesto a adoptar hoy día. Es una problemática social que necesita atención.” Él con una expresión en la cara, la cual al sol de hoy so sabría categorizar,  me dijo: “No puedo tapar el sol con un dedo y por consiguiente una falta con otra. Si alguno de esos niños muriese de hambre, me voy a quedar tranquilo, pues sé, que se van a ir a un mejor lugar.” Yo me había empezado a agitar por su punto de vista, pero luego de esa frase, no pude evitar sentir rabia directa en su contra. Mientras chasqueaba mis dientes le dije “Osea… que tú me quieres dejar dicho, que para tí es más importante tú punto de vista y la fidelidad a tu creencia que la vida de un inocente. Las argumentaciones llegaron a su fin y yo quede molesto, pues todo fue escalando a una respuesta que temía escuchar y no quería que de su boca saliera. Habíamos tenido este tipo de discusiones con anterioridad, pero siempre me hacia el loco y lo dejaba como fanático desorientado, pero ahora fue diferente. Pensé que si nos entendíamos el uno al otro, pese a las diferentes ideológicas que pudiéramos tener, el pensamiento crítico nos provería de la opción correcta ante el uso de la lógica. Cabalmente opino, que uno debe lidiar con situaciones difíciles con la cabeza de la mano con el corazón, para llegar a la respuesta idónea. No importaba cuan contundentes ante mí fuesen mis argumentos, para él había una contraparte mística que le daría la razón por sobre lo que sea. Él nunca, hasta el sol de hoy, me había adjudicado tener la razón en ningún debate que tuviéramos en temas de esta índole, pues pese a que yo soy cristiano creyente, todo lo que el me planteaba me parecía erróneo. No practico con tanto fervor y militancia como él, claro está, pero mi ideología rueda alrededor del mismo eje que en la que el recuesta su visión; mas sin embargo, lo siento diametralmente opuesto el uno del otro. La ceguera que el se quiere auto imponer a dejar de ver y entender va más ayá de la simple indiferencia, es sin duda alguna, un ataque directo a la sociedad que el y muchos más hacen. Termino conmigo diciendo “La palabra de Dios dice: y creó al hombre y la mujer, no hombre con hombre y mujer con mujer.”

Mordí mis labios de rabia, chasqueé mis dientes nuevamente para contenerme y decidí no continuar con esa causa perdida. Fue entonces que le pedí a Dios “Señor, líbrame de los que dicen obrar en tu nombre.”

A este gran amigo a quien adoro, espero que jamás se encuentre , ni por accidente con este artículo, por que si lo leyera, sabrá que me refiero a él y no quiero que lea mi opinión y mucho menos se moleste conmigo. Que aunque lo quiero con toda mí alma, y no estoy antagonizando su creencia religiosa, pues la comparto, odio a más no poder cuan violento puede llegar a ser tanto directa como indirectamente en su modus operandi.

Estoy cansado de escuchar susodichos “cristianos” de baja escolaridad, poca instrucción y para el colmo, nada de empatía hacia su prójimo, quien lejos de tener un pensamiento consciente y considerado que le permita discernir sus alrededores, siempre tienen en sus bocas todo tipo de palabras prejuiciadas, que poseen más odio que cualquier otra cosa que diga el evangelio.

Y tú que opinas, ¿Estás a favor o en contra?  ¡Participa de la encuesta y comparte conmigo tu parecer!

Poema: La Nada

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¿Qué es perderlo todo?

La carencia de pertenencias,

la ausencia de recursos

o la abstinencia de medios y relaciones.

Sin metas o planificaciones

ni destino sin galardones.

Un futuro sin camino 

y un camino sin futuro

con sueños sin pies ni cabeza

y deseos cojos

 

¿Qué es tenerlo todo?

Una sonrisa entre tus labios

acompañada con cada alba…

Poema: Incidencia

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Quisiera nunca haberte conocido

que la sal del mar

nublara tal réprobo destino

que mis azotamientos

no troncaran tu fortuna

y así ninguna sarna maltratara tu pelaje

 

Quisiera nunca haberte conocido

que mis heridas no rompieran

tu burbuja de mármol níveo

que hubieses ignorado

de placeres y desgracias,

que aquel falso sol 

incendiara tu morada

 

Quisiera nunca haberte conocido.

Poema: Canis lupus

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Al chasquear de las gotas

figuro una ausencia inquebrantable

bruta y desalmada

intocable, inviolable.

Palpo a certeza que para mí ya inexistías 

te cargaba a medio venir, para mi desgracia

llevaba tus úlceras en mis penas

pudriendo nuestros mejores recuerdos

y el orín intoxicado, pelaba —silente—

la sonrisa de tus ojos.

Dejaba minusválidos ante tu cálido olor

mis rabias y rencores

y drogaba por laceraciones compartidas

aquellos cómplices temores.

 

Eres esa desdicha que veneraré recordar. 

Artículo: El Verdadero Gobernante

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“Redactado con las notas de Lynoshka Caez, Una poeta realista y consciente de su alrededor”

IMG_0561El gobierno está establecido para suplir las necesidades del pueblo y regirse bajo sus parámetros y no al revés. Esto el pueblo aún no lo tiene claro del todo. Quien gobierna a un país no es su presidente, ni mucho menos su congreso,  si no “la gente”, y es debido a este mal entendido colectivo, el cual se ha generalizado de manera estrambótica, que la gente ha engullido que debido a ser parte del pópulo, la plebe; no tener recursos, poder adquisitivo o mucho menos pertenecer a una estrata social que pueda imponerse, no tiene presencia como ciudadano y su opinión se ha de perder en las jerarquías burocráticas de los asuntos de la nación. Pues si usted vive en una democracia (el gobierno de los muchos) y usted lo permite, es su problema.

Aún me pregunto ¿En que momento de la ineducación poblacional progresiva, se diseminó tal mentira? ¿En que momento de tantos medios contaminados de política partidista e intereses oligárquicos ahorcando al necesitado, se incertó la idea de que la gente, la masa popular, no es dueña de su destino, su mejoría y su futuro? Es este el origen de los regímenes dictatoriales, sin duda alguna: cuando el pueblo prescinde de su poder activo en la nación.  Es esta la libertad que cada sártrapa, que se quiere postular como administrador de nuestros fondos públicos necesita para hacer y deshacer. Es este el relevo de poder que permite el desmoronamiento de la democracia, que tanto nos venden como parte de nuestro sistema, mas en ningún lado se puede ver. He aquí la raíz del poder desmesurado con el que muchos ejercen, creando de este modo una sociedad sesgada al totalitarismo encubierto que sirve a los intereses de los pocos, donde la corrupción impera en los procedimientos administrativos-gubernamentales y el progreso no llega al fondo de la pirámide, pues cada uno de nosotros ha renunciado a lo que luego de tanta lucha, sudor y sangre se ha adquirido.

Y entonces el gobierno se torna en contra del pueblo. Empieza la represión, la mordaza, empieza el desespero como consecuencia a que todo el mundo cedió su estatus de ciudadano libre (no esclavo) por creerlos ilegales; como si la noción de legal fuese igual a “correcto”. Para el que no lo sabia, una cosa no tiene nada que ver con la otra, y están muy lejos de ser semejantes. Gracias a esto se ven consecuencias tales como un gobierno que asesina a sus jóvenes estudiantes, usando las instituciones que se supone los protejan, como la armada y la policía.

Muchos ante dichos atropellos, se unen bajo el dolor de la impunidad a reclamar con una voz al unísono, como hermanos como lo es el caso reciente que ha conmocionado a toda la nación mexicana: La desaparición de los 43 estudiantes del pueblo de Ayotzinapa, a manos del tan controversial gobierno. Han de tomar carácter subversivo en contra de una norma que ellos permitieron se propagara como el peor cáncer que nos puede azotar. Un cáncer que solo ataca al pobre.

¿Por qué esperar que alguien más vele por tus derechos? La historia una y otra vez nos dice que tal beneficio no es delegado luego de un diálogo, si no todo lo contrario, es algo por lo que hay que sacrificar vidas, verter sangre. La abolición a la esclavitud —por lógico que parezca— el derecho al voto femenino y la equidad racial, no fueron ningunas luchas pacíficas y sosegadas. ¡Maldito aquel que cree en otro hombre! y no verifica la solvencia y cabalidad de su existencia.

Los culpables de nuestras desgracias lo somos nosotros y nadie más. Permitimos tales insolencias en nuestra contra. Pues idóneo es segregarnos y encerrarnos en cárceles ideológicas y atarnos de pies y manos con palabras provenientes del haberno. Inutilizarnos en su totalidad a la hora de desenvolvernos en nuestro medio ambiente. Hacernos totalmente dependientes, eliminando cualquier tipo de oportunidades —todos saben que la dependencia es la antesala al maltrato—.  Que mejor que un pueblo pacífico y manso, fácil de pastorear; que no se queje, sienta o padezca; indolente, indiferente, para consigo y su prójimo. Que no se quede a defender lo que con todo el derecho divino le pertenece y ve más idóneo partir de su tierra madre, por ignorar la legitimidad de su persona y su existencia, pase por alto atropellos y no luche por lo que le corresponde. Muchos creerán que estamos estancados, sin saber que en realidad vamos en retroceso a la época medieval; hacia el oscurantismo ideológico, el terrorismo y la sugestión psicológica.

La rebeldía es muchas veces meritoria para el bien común. Es eso lo que Puerto Rico le hace falta, una revuelca, de todos por unos y unos por todos y demostrar al estado que son un pueblo ensimismado y que cada quien posee un alma combatiente dentro de sí. De este modo, poder sacudirse aquel adjetivo con que el extranjero describe al boricua tan adecuada y útilmente para su conveniencia: pacifico, servil. Este país debe dejar de comportarse como parte  de un estado de potencia alguna, pues no lo es. Es una patria por a cual se ha vertido sangre en su nombre.

No esperemos que la juventud estudiante  —el futuro de este pueblo— sea puesta en contra del paredón, para así darte cuenta que tu sociedad tiene una afección terminal. No dejes que los medios de comunicación construyan la realidad en que vives, ni mitifiquen y esconda la verdad que sobre tus hombre acaecen y ejerce un gran peso. Pues no son ni los cantantes, ni los boxeadores, ni las miss universo, la base para la unión de este pueblo, pues es una cohesión vacía. No abandones tan preciosa isla y se la dejes a los lobos carnívoros para que la deboren. Entiende tu lucha y empiezala.

Esta problemática la confiere el poder que brinda el estar en puestos políticos, en el que magistrados comienzan a tenerse como superiores a su pueblo, uno que no se siente identificado a quien liderea, pues le es igual a ganado social. Todos y cada uno de nosotros somos supervisores y auditores de nuestros lideres, pues con nuestro voto los colocamos al poder y con nuestra voz los podemos desmontar.

Hay dos tipos de ciudadanos, pasivos y pro-activos. Los primeros todos los conocemos, pues sobreabundan cuando no deberían… Los segundos, están comprometidos con su comunidad. ¿Tú, a cual grupo perteneces?

 

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