Artículo: La Chica de Santa Rita

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gato

 Ilustración: Tomás G. Michel

Todo aquel que ha vivido por Santa Rita, que en su mayoría de los casos, son estudiantes hospedados en la cercanía de la universidad, pues residen muy lejos Río Piedras, y se ven arrastrados por los estudios a quasi-emigrar, sabe que a veces este maltrecho lugar se puede convertir en un completo dolor de cabeza.

Ya he perdido la cuenta de  los cristales rotos; vehículos con que estudiantes universitarios, con copioso ahínco se transportan a instruirse a la UPRRP, son victimas del imparable vandalismo. Ya han sido demasiados. Se topan con que mantener un promedio alto, no es la única de sus preocupaciones. Es difícil tener que venir de un día de lecturas, libros e infinitas memorizaciones, y encontrarte con que tu carro esta vuelto un desastre. Verlo tan cojonudamente profanado. Sé la rabia y frustración que se siente, pues no fui precisamente la exención a la regla. Cuando por mala jugada del destino, le tocó a mi carro a que lo desmadraran y le rompieran un cristal, mi hermano y yo salimos en búsqueda de algún sospechoso por los alrededores, para darle una buena paliza, y no quedarme con la impunidad abofeteándome la cara. Pues todos sabemos, que los policías están muy ocupados poniendo tickets de transito, los cuales le son más rentables. Malditos ladrones, deambulantes y tecatos que no piensan en las vicisitudes que muchos de nosotros tenemos que encarar cada día. Mas si estoy conscientes de que hay unas realidades sociales. A muchos de ellos el sistema le ha fallado. No todos son drogadictos, algunos son solo personas que se han visto despojados de trabajos u hogares, y tienen responsabilidades para con su familia ¿Que crees que alguien sin trabajo haría si un hijo le dice que tiene hambre, y no tiene nada en los bolsillos? A eso agrégale  la perra crisis que ha estado estrangulando la isla en los últimos años, en la decadencia de la efectividad del Estado Libre Asociado para regir este pueblo, henos aquí pagando las consecuencias de los daños colaterales. Para el colmo, los atracos a mano armada, son la orden del día. No es para mi chistoso, salir a la galería de mi residencia y tener que escuchar los gritos de una estudiante, que le despojan de sus pertenencias. Para el colmo de los colmos, el tener que lidiar con el hecho, de que sales un momento a las siete de la mañana, dejas la puerta de rejas abierta por unos pocos segundos, pues se te ha olvidado algo en la casa y te topas con que un hombre con una actitud un tanto psicoactiva, entre sigilosamente a tu residencia, en tu propia cara  —quien al no percatarse de tu presencia— para ver que podía robar. Yo en estas me quedé callado, por que quería ver lo que el hacia. Mi novia quien andaba conmigo, de la rabia por su atrevimiento, le hecho un grito que se escucho en toda la biosfera, que hizo que saliera corriendo. Y lo bonito del caso, es que en los últimos meses (dada la insoportable situación económica), la nueva modalidad de los ladrones es que ya no te quieren esperar a que salgas para robarte. Ellos mismos, se están tomando la molestia de entrar a tu casa por la fuerza, amarrarte y Dios quiera no pase de ahí y llevarse todas tus cosas, con tu propio carro, en tu plena cara.

Pero dentro de este nefasto panorama en el que muchos tenemos que vivir, hay una que otra cosa que vale mencionar. Hay una chica, que desde hace varios años, se ocupa de darle comida a los gatos que merodean el lugar. Muchas veces sale a horas no tan seguras a realizar su faena, me imagino que por los quehaceres de su día,  pero para nada se olvida de estos animalitos. Siempre que corría por la urbanización por las tardes, la veía como traía en su SUV sacos de comidas, los cuales todos saben, no son nada baratos, y así procedía cada dos o tres esquinas a dejar varios platos de comida. Te dabas cuenta desde lejos por los montones de gatos que desde podían percibir que ella estaba por llegar al amontonarse de felicidad —supongo que también por el hambre—. Que alguien haga este gesto en el área metro, es mucho decir, pues la apatía que prepondera en los alrededores, es estruendosa. Y la realidad es que me llena de satisfacción y felicidad, ver ese tipo de gestos y desprendimientos de parte de las personas, que no solo viven en lugares colmados de concreto, si no que lo cargan dentro de si, amurallando su humanidad.

Artículo: Dios No Tiene la Culpa

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 Ilustración: Lucero G. Michel

Ante la impotencia que el ser humano siempre ha sentido frente al operar de la naturaleza —en un universo más vasto que su imaginación—, con la incertidumbre de los “por qués” circunstanciales, se ha visto en la necesidad de crear deidades que brinden una explicación más o menos razonables a su entorno. De este modo no tendrían que enfrentarse cara a cara con la incertidumbre. Dichas deidades han variado de acuerdo a los periodos históricos, los sistemas culturales, las necesidades místicas y espirituales y como consecuencia se pueden encontrar una gran cantidad de estos entes omnipresentes. Ejemplos lo son Yúcahu en la mitología taina caribeña, Anubis en la mitología egipcia o Loki en la mitología nórdica.

Pese a lo avanzada que parezca estar nuestra civilización, hay muchas cosas que no han cambiado desde la prehistoria. Situaciones que se siguen repitiendo (cambian los personajes, mas no las eventualidades). Las personas siguen siendo hijas de las desgracias y no están para nada exentas a las malas jugadas de la vida, y por ende recurren al teísmo como su fuente principal de refugio psico-emocional. He aquí entonces que en adición a rendir alabanzas a un dios por sus maravillosas creaciones, también le temen por su alter ego destructivo. Le atribuyen como vértice de plagas, problemáticas y guerras a una omnipotencia que poco o nada tiene que ver con las barbaridades terrenales. Le tildan de ente castigador, que ajusticia muchas veces a justos por pecadores; en cuyo obrar muchos inocentes sufren y padecen e incluso pierden sus vidas. Mas no es así, las problemáticas a la que nos enfrentamos cada día, por magnicidas que parezcan, tienden a tener orígenes rastreables. Puede que no se presenten tan obvios a simple vista como uno desearía, pero con un poco de indagación, se puede dar con los vertientes de estos acontecimientos desafortunados. Unos que en su mayoría son secuelas y consecuencias de acciones, productos de la inconsciencia de una o varias ratas con más poder del que deberían ostentar. De modo que antes de echarle la culpa a Dios, de creer que le han abandonado a la intemperie espiritual o le están castigando, asegurece de que no esta siendo víctima de su sociedad, cuyo motor principal no es el bien común, ni nada que se le parezca.

Me he topado con personas cristianas que dicen que la biblia es el único libro que necesitan estudiar, que no leen nada más por que toda la verdad procede de dicha antología. Yo reprocho mucho esta postura, pues es para mí una irresponsabilidad grande de un creyente verdadero, el no ubicarse en un buen contexto histórico y antropológico a su creencia. Es irresponsable no situarse en un marco social a su espiritualidad. Es más aún irresponsable atribuirle esta postura mediocre a una obediencia inminente y sin límites. Pues si ignoras las nociones que operan en tu entorno ¿Como podrías ayudar de una manera efectiva al necesitado desconociendo su realidad social? (probablemente no reconozcan la propia) ¿Como podrías ayudar al necesitado si no conoces a las entidades que le oprimen y abusan de su realidad?

Dios le ha dejado una tierra fértil en recursos, con la capacidad de sustentar a sus habitantes de manera justa. Que la avaricia del hombre obre para lo contrario, es otro cuento. La mala distribución de las riquezas, crea los cimientos de la extrema desigualdad socio-económica que tanto impera en la actualidad, en donde unos pocos tienen demasiado y unos muchos casi nada. En donde el poder esta por encima de la justicia, en donde la corrupción esta infiltrada en los aparatos administrativos de los pueblos, en donde las pertenencias valen más que muchas vidas. Entonces a fin de cuentas ¿Quién es el culpable?

Artículo: Vidas Pasivas

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Ilustración: Doreene J. Pagán

“Mis agradecimientos a Raymil Belmont Por propiciar la sana discución”

Vivimos en un mundo en el que asuntos que debieran tener prioridad y la atención de todos, no la tienen. Un mundo en lo que lo superficial y vano, tiene más peso que lo sentimental e intelectual. Se nos manipula, y se nos acorrala a ser supporting actors incluso de nuestra propia vida. Una que aparenta girar alrededor de la sombra de celebridades que de manera vacía, dictan nuestros gustos, creencias y expectativas,  y quedamos siendo meros receptores, que bombardeados constantemente con mensajes respecto a nuestra irrelevancia, se nos denigra con respecto a través de los instrumentos mediáticos.

Se nos condena a no pensar, a no participar ni ser creativos; a no producir. Se nos insta a seguir como ovejas, el bastón pastoril de cantantes y actores cuya vida se enaltece por sobre la del resto, por sobre la nuestra. Nada de lo propio genera interés, ni nuestras vidas, ni pensares, ni accionar.

El fenómeno del reality show, ha contribuido en la propagación de esta problemática que tanto afecta de manera silente la autoestima masiva. En que personas deciden dejar de vivir sus vidas de manera plena, y a través de la pantalla de un televisor, optan por una “pseudovida” por medio de la experiencia de alguien más, que irremediablemente les ata a un sillón. Renuncian así a la inmediatez de su entorno, uno que se subordina ante el glamour y las vidas ostentosas o excitantes que aparentan tener muchas personalidades de la farándula. Esto por algún motivo, les hace digna de documentación y transmisión masiva, pese a lo irrelevante de su naturaleza y poco aporte social y carente de instrucción para los televidentes.

En lo personal no poseo una televisión en mi casa. Como sustituto, tengo un librero, el cual trato de mantener actualizado pese a las abofeteadas que el tercermundismo me ofrece cada día. Nunca le he tenido confianza a este aparato, pues siento que es un utensilio de distracción, el cual para nada te empuja a tener un pensamiento crítico, las verdades son parcializadas y la realidad alterada con fines muy ajenos al bien de común. Mas por lo contrario te adormece el cerebro coaccionando a la absorción de material pre-digerido y regurgitado, que moldea posiciones y puntos de vista.

¿Por qué no se muestra una programación más amplia en materia cultural? En algún tiempo mi vida fui un televidente ávido, y en tres diferentes países que viví, este tipo de programación brillo por su ausencia. Pues la programación era pura basura distractora y adormecedora de neuronas. Pese a lo que se nos engulle por boca y nariz a diario, sobre la irrelevancia que se nos hace creer que prepondera en nuestras vivencias, no deberíamos internalizar dicha aseveración. Pues cada quien es el protagonista de una vida. Cada quien es relevante a su entorno. Cada quien tiene la capacidad de superarse, hacer cosas grandes, llegar lejos. Nuestra vida es importante, nuestros amigos son importantes, nuestros sentimientos, emociones y pensares son importantes. No somos solo un numero más, ni tampoco vinimos a este mundo a vivir al margen de una celebridad ni sus vidas superfluas.

Deberíamos estar más despiertos y no ser victimas de los medios y sus tentáculos.

Artículo: El Poder de la Indiferencia

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indiferencia

Ilustración: Lucero G. Michel

La moral está intrínsecamente atada a lo que es aceptado en una sociedad, la tan llamada “norma”. Aunque en muchas culturas simplemente la define y de igual modo no se puede desligar de los sistemas religiosos. Es un conjunto de reglas que delimitan el comportamiento del ser humano que permite la sana convivencia. Y al margen de tan subjetiva percepción, se forjan las bases para la indiferencia.

Cada uno de nosotros se ha visto o se verá en algún punto de su vida ante una situación o problema, que amerite intervención de nuestro buen juicio o ejecución de nuestro obrar. En el confrontamiento de dos partes o en su mayoría de los casos, el vil abuso de uno sobre otro. Algunos se inclinarán por ser valientes y encarar dicha problemática, pero muchos otros preferirán optar por ser indiferentes. Podremos darnos el lujo de avistar todo tipo de dilemmas que pudiesen ser catalogados como injusto, que dado a lo común y repetitivo de su esencia, toma una capacidad subversiva. Entonces nos vemos en una sociedad cambiante, degradante, en la que lo injustificable, encuentra la manera de como justificarse por medio de la retórica.

Puede que el miedo sea lo suficientemente estupefaciente para que nos haga pasar por alto las lagrimas de nuestro prójimo, el sufrimiento concurrente o la desesperación desasosegada, un llanto desvalido. Nos empuja a ser cómplice de lo malvado. Pues de manera automática nos convertimos en partícipe perversos al tener conocimiento o permitir la injuria del mal sobre alguien y no hacer nada al respecto. Estamos de parte del malhechor, al consentir indirectamente con su atrocidad pese a nuestro entendimiento de lo ruin que le caracteriza.

¿Como te sentirías si fueses tu quién necesitado de ayuda y a nadie le importara? ¿Será  que ya estamos acondicionados a este nuevo modus operandi que permite el recorrido libre a la impunidad sin ningún tipo de intersección? Pareciera que la moral ha sido desplazada a ser una mera lanza que se usa de manera hipócrita, para infringir dolor; que puede ser doblada a extremos casi quebrantables, cada vez que fuese necesario, por quien tiene el poder o la capacidad de hacerlo.

Hay un sentimiento de individualismo en cada uno de nosotros que se ha acrecentado. Cada vez más la gente quiere lo propio, lo suyo, y de ese modo desentenderse del colectivo para alejarse a compartir solo consigo mismo. De hecho ese es uno de los síntomas del desarrollo: El poder estar viviendo al lado de desconocidos por años de compartir un mismo espacio. Pues no me importa lo que te pase a tí, ni tampoco a tí lo que a mí me pase. Quien haya dictado esta nueva forma de vivir, claramente no tenía en cuenta lo mejor para nosotros, pues esta dinámica va en contra de la naturaleza y de la salud del ser humano como criatura social. Solo tengan al pendiente antes de tomar la indiferencia como opción de vida que puede que solo llegues más rápido, pero acompañado, llegarás más lejos.

Artículo: Antes de Ser Heroe(s), Criminal(es)

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manopla

Ilustración: Tomás G. Michel

El medio de entendimiento e instrucción que un individuo posea, va a ser siempre la base irremediable a su percepción de la verdad. Percepción, pues puede haber varias interpretaciones de la misma. Podría ser descrita como un planeta que mientras posee un hemisferio con luz, hay otro totalmente sumido en sombras. Ambas simultaneas, ambas reales, partes de un todo y paradójicas. No posee un orden de lo absoluto e inquebrantable. Responde a la subjetividad, a la realidad de quien la percibe y desde donde la percibe. Mas Lapidaria, como expresada en el mito de las cavernas de Platón.

La justicia, por otro lado, no es nada más que la coartada legal que ha utilizado la clase dominante para proteger a nivel institucional sus intereses y propiedades (de acuerdo con Rousseau). Es un utensilio para la defensa de su posición privilegiada, ante la lógica de las masas y la ausente equidad social. Tiende a ser respaldada —de manera legítima— por los aparatos a la cabeza del estado; pareciera estar intrínsecamente atada de brazos y pies con la creación de la propiedad privada. El capital a su vez, es parte sustancial de dicha justicia, la cual no opera igual para quienes lo poseen, que para los que no.

La norma de una sociedad no siempre coincide con lo justo o lo verdadero. Es mas bien una construcción social, creada por el hombre en base a ideologías arbitrarias o convenientes a su posición. Respaldan costumbres que aunque erradas y viciadas, sirven para mantener un supuesto “orden”. Dicho establecimiento de renglones, de hecho, necesitaría de una excelente retórica por parte del titiritero, que fuese lo suficientemente ancha como para cubrir los huecos, que irremediablemente tienden a hacer aparición en escena, a la hora te poner en tela de juicio dichos establecimientos.

Grandes cantidades de personas en diversos puntos de sus vidas, en diferentes momentos históricos, se han visto perjudicado y  amenazados por el orden social que le hace contexto. Mas no todos deciden revelarse contra la normativa que rige sus vidas, pues temen las posibles represarías que se pudiesen tomar en su contra. De hecho el terror y la crueldad, tienen a ser componentes importantes de la mecánica del grupo o persona que oprime a los individuos en cuestión. Partiendo de la premisa que la injusticia ha siempre imperado a niveles exorbitantes, sienten inconformidad y siente la incallable necesidad de alterar e irrumpir el orden establecido pese al desaliento que enfrentan ante un sistema que se vuelca en su contra. Pasan entonces a convertirse en criminales antes los ojos del estado, aunque luego la historia les reivindique y categorice en posterioridad como héroes.

Una de las ideologías institucionalizadas que denotó a través del hedor que emitía, lo anómalo que muchas veces puede ser la norma, lo fue el apartheid. Un sistema edictos y leyes de discriminación y segregación racial, sobre el cual se basó el gobierno de Sudáfrica desde el ’48 hasta los ’90. Se caracterizó por el despliegue sistemático de una agenda que se enfatizaba en el entorpecimiento del desarrollo de la raza negra y su ataque visible e inaudito. Dicho, prohibía los matrimonios y las relaciones sexuales interraciales. Separaba a los diferentes grupos étnicos en los medios de transportaciones, los centros sanitarios, las escuelas y demás. Se trataba no solo de una separación jurídica, si no también geográfica, aislando a la raza negra a unos territorios en particular. Este tenía como cometido central el dominio y la preservación del poder de la raza blanca, el cual solo componía alrededor del veinte por ciento de la población frente a la negra y otras minorías; una especie de jaque socio-económico. Prevenía a los negros de participaren los deberes —privilegios— públicos como votar. No podían ejercer ocupaciones gubernamentales, ni desarrollarse profesionalmente o comerciar. No podían estar en zonas asignadas exclusivamente a los blancos y esto obviando los pormenores que acaecieron como consecuencia de tan estrepitoso panorama.

El aclamado personaje a nivel mundial Nelson Mandela, nació de este contexto, el cual fue considerado un terrorista, quien había encabezado en un principio la oposición militante y violenta en contra el régimen blanco. Fue condenado a cadena perpetua, de los cuales solo cumplió 27 años. Pero la historia le reivindicó por su lucha y por como dió su vida por defender el ideal de la igualdad, que resulto en una transformación social.

Los derechos no son un regalo divino. Son el producto de la lucha, la sangre y el sacrificio para hacer ejercer lo supuesto por naturaleza: la equidad. Siempre habrán entes, no importa cuan avanzado se este en la historia, que por avaricia o interés, van a tratar de imponerse sobre otros y así devengar los beneficios que una posible explotación pudiese brindar; esto se ha visto un sinnúmero de veces sin importar de que civilización hablemos. El ser humano como ser imperfecto, tiene la capacidad de la creación de lo perverso, su diseminación e instauración. Pedro Albizu Campos nos decía “Cuando la tiranía es ley, la revolución es orden” y es la historia de Mandela un vivo ejemplo de dicha afirmación, que al igual que la de muchos otros que en este escrito no menciono ven retadas sus existencias.

Artículo: Nacionalismo Puertorriqueño

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Ilustración: Tomás G. Michel

El fatídico proceso histórico de Puerto Rico, le ha posicionado —geopolíticamente hablando— en el desfase de dos culturas. Dicho pueblo,  ha sido golpeado por entidades ajenas a su naturaleza, ha visto su sano desarrollo afectado. Esta postura, no hubiese sido posible de alcanzar sin el embate que le acaeció por manos intrínsecas, que asistían el asedio; unos motivados por la avaricia y otros por la vil ignorancia. Se ha empleado el fraude, el engaño y el encubrimiento de la verdad y de las realidades, para poder llevar a cabo dicho cometido: el dominio hegemónico, infeccioso y degradante. Y a disposición de este, ha trabajado la instrucción nacional, en base a una agenda de adoctrinamiento sesgada, en la que se obvia información de interés general, se manipulan perspectivas y se domestican las “ovejas” para la mansa movilización hacia el matadero. Como consecuencia, no se puede esperar ver demasiadas personas manejando la verdad y he aquí el cimiento del ocaso social, político y económico que domina la actualidad.

El orgullo coloquial por lo autóctono (lo de aquí), es sin duda alguna un tema polémico contrastado con la realidad que enfrenta, pues no parte del vértice más adecuado, ideológicamente hablando, una postura contradictoria sin duda alguna. El orgullo por un boxeador al momento de ganar una pelea y bandea de un lado a otro la mono-estrellada, cuando gana una miss Puerto Rico el certamen de miss universe o cuando un cantante o artista pop, se destaca a nivel internacional. ¿Por qué cosas tan irrelevantes, que afectan tan poco la población, merecen tanta atención, en comparación con asuntos que si lo ameritan? ¿Es esta la manera de distraer el público de lo que verdaderamente importa? Peleas de gallos, certámenes, competencias. Una cosa es la xenofobia, a la cual no me refiero ni remotamente, pues no trae consigo venturas, pero por que no un poco de espabilamiento. Como es posible no estar vendado ante tan atroz destino. Como es posible que demos por acertadas las discursivas que arremeten en contra de la dignidad de este pueblo. Se achaca el descenso socio-económico a la supuesta vagancia de un país entero, cuando la realidad es una consecuencia de ser victimas de los imperios, en la empresa de desfalcar las colonias para aumentar sus dominios y riquezas. Un derrocamiento físico, ideológico y emocional al poderío insular. Incautamientos metódicos de los recursos y damnificación de los medios productivos que prometían ser móvil de progreso. Ver la población reducida a ser solo mercado comprador obligatorio, al no ser auto-sostenible en aspecto alguno. Adquiriendo una capacidad de carga tan pobre, que hoy en día se pueden observar como exagerada parte de la población se ve obligada a emigrar en busca de un mejor futuro. Uno que su madre tierra no puede ofrecerle, y desafortunadamente —al carecer de proyecto de país— no pueda brindar en un futuro próximo.

Puerto Rico ha sido engañado. Se le han untado brebajes que no curan el gran mal que le estropea. Pero como hacerlo, cuando el aparato legislativo local es la payasada más agrande habida y por haber. Si el pueblo es educado a tener lo propio como menos importante o de menor calidad.  Se le ha puesto una venda, que le impide pensar por sí mismo; que solo permite ver al ciudadano, lo que sea necesario para sus domadores. Mahatma Gandhi decía: “No me asusta la maldad de los malos, me aterroriza la indiferencia de los buenos.” Y de hecho nunca va a faltar el depredador que intente masacrar al indefenso, mas es el deber del mismo el intentar defenderse. Y su vida y obra, es la más viva ejemplificación de que no todo los objetivos se logran a mano armada. Hay diversos medios de como terminar con la injusticia social y el primero es abrir los ojos.

Cuento: Cartas Lascivas

Capítulo II

Días de intranquilidad, de sospecha e intriga, tal detective en busca pausada y sistemática de un bandido. Uno que asesinó el pseudososiego auto impuesto a raíz de ristras de agrios recuerdos. Trabajar, impartir clases tratando de actuar casual. Investigando. Una mirada más prolongada de lo usual, unos ojos que delataran pensamientos indecorosos, un brillo cristalino y acuoso. Algún gesto que inculpara al responsable de haber despertado tanta ansiedad, de recibir un poco más del suero suministrado. De aquello que  alivió un tanto el pecho acongojado. Mas todo concurría según lo habitual, nada sospechoso entre sus estudiantes. No era como buscar una aguja en un pajar, si  no peor aún; identificar lo obvio frente a su nariz. Pese a la extraña sensación generada, por tener que lidiar con aquella incomodidad que un papel entintado raspó inalienablemente a su conciencia, algo parecido a la decepción le obligó a continuar sus faenas magisteriales en estas semanas, con la normalidad que debiera caracterizarla.

Meditaba, una y otra vez tratando de entender lo ocurrido. Cual pudiese ser la motivación de quien fuese que estuviera detrás de ese juego de mal gusto. Uno, que había despertado erupciones de calores húmedos, en una estación fría y seca. Un interés que no debía ser el motor del despertar cada día. Tenía que hablarlo con alguien. Si lo seguía conteniendo para sí, iba a volverse una desquiciada paranoíca. Después de tantos años de aguantarse la una a la otra, esta no era el tipo de cosas que le ocultabas a su cómplice de vida Gladys. Hubiese preferido mantenerlo a modo de silente o mejor aún, de irrelevante, mas el aroma de dicho sobre no le permitía alcanzar tan humilde perfil.

Se acordaba del fin de semana pasado, mientras andaban en las rutinales caminatas por las noches en las aceras de Santurce. Le pasa a su amiga el papel como quien no quiere la cosa; como si estuviese ajeno a lo que ahí adentro se vociferaba. Gladys sin preguntarle nada al respecto, saca el papel del sobre roto y empieza a leer. Mientras se perdía a través de las oraciones, sus ojos se abrían cada vez más, torciendo a su vez la boca con picardía. Dejaba todo poco a poco, lo blanco del ojo expuesto. Y luego de darse un pase con el olor de la carta el cual no pudo pasar por alto, mira agudamente a esta mujer desorientada en un lago cerrado y hediondo de sentimientos.

—Esto huele a problemas, y esta nota, ¿de dónde te la sacaste?

—Lo mismo que sabes tú, se yo.

—¡Mara, Mara! No te hagas la bruta. Evitate los líos, no te busques lo que no se te ha perdido. Tente cuida’o con lo que tu haces, que no bien te has divorciado de Cuco y ya andas de risueña.

—Pero, de que tú me hablas, yo no he hecho nada.

—Aún. Y como te conozco y me puedo dar cuenta que le estás dando más cabeza al asunto del que deberías; ya eso es un problema. Eso era para ni haberlo terminado de leer y ya haberlo botado para la basura. Primero, ¿Tú estás consciente que a tí no te soportan en la universidad? Por que mientras otros tuvieron que guayarse la yuca, para poder limpiarse una contrato de permanencia, a tí te lo pusieron en bandeja de plata. Segundo, lo último que necesitas es de andar de cougar. Y eso es lo menos importante. Tú sabes lo feo que se vería en las noticias, tu nombre en un titular diciendo “Educación Sexual fuera de limites” o “Violación Premeditada”, créeme no subestimes el sensacionalismo de los periódicos, que ya no venden por noticias que valgan la pena, si no es todo sobre bochinche. Y por ultimo, ¡diantre!, ¿tan necesitada de amor estás? avísame, pa’ darte cariño, pero no te tires la soga al cuello.

—Gladys, por favor. Contrólate, ni que yo fuera una retrasada.

—Mira, tú tienes dos muchachos. Y aquí la cosa esta mala. Los letreros de se venden de las casas, están que hacen orilla. Si tu no quieres ser parte de la diáspora forzoza del país, que de ser Puerto Rico la isla del encanto, va a pasar a ser la isla del espanto con tantas casas vacías que hay; “el pueblo fantasma”. Tu no te quieres ver sin trabajo, créeme. Arriesgar tu seguridad laboral, no es algo de lo que te puedes dar el lujo, que eso aquí lo tienen tres gatos y cuida’o. Sabes que yo no te voy a decir nada. Cuando te jodas, no vengas a donde mí sollozando, que no te voy a hacer caso.

— Shhhh, ¡Ay chica, ya! tampoco era para que te pusieras de malas.

En vez de sentirse disuadida, encontró el gran recalco a una curiosidad que de por sí ya estaba implantada. A la hora de almuerzo de un miércoles como cualquier otro en la facultad, un tanto tentada, por querer saber más de lo que le convendría, llamó al departamento de español para verificar si había correspondencia. La secretaria le respondió con un “sí”, que escuchó entrecortado por la emoción que intentaba aguantar como una dama madura que no debía ponerle demasiado atención a palabras vanas, pasajeras y sin bases demasiada confiables. Dejó a mitad la sopa de plátano que tanto le gustaba por el exceso de ajo, recogió sus platos y se dirigió con rapidez a la ”égida” de la universidad. Una vez dentro, se paró al lado de su apartado, metió la mano al cubículo sin mirar, lo que fuese que estaba ahí dentro lo agarró, se lo metió al bolsillo; salió al patio, con una prisa que no parecía acorde a su experiencia en cuestiones del amor. Buscó un banco en una esquina que no estuviera demasiada transitada. Con gran expectativa, sacó la carta del bolsillo, la olió, percatándose nuevamente de aquel olor singular a macho que caracterizaba dicha correspondencia. Se le escapó una sonrisa de la rendija de los labios y procedió a ojear que le deparaba el azar.

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Ilustración: Lucero G. Michel

“Una vez más le pido disculpas por mi atrevimiento, lo ultimo que quisiera es incomodarla. Escribo este papel, que recoge los desbordamientos de mi ser, mientras me encuentro recostado en mi balcón. Miro la ciudad, los carros pasar y el cielo enrojecer. Escucho la radio y pienso en usted. Me imagino que está a mi lado, que me acompaña mientras los brisales estrangulan las cortinas. Que lee un libro, y me regala una sonrisa esporádicamente. Con aquella coquetería que le caracteriza, me comenta sobre aquellos capítulos.

Siento como me da la oportunidad de secar aquellas lágrimas que en más de una ocación le he visto derramar; que unto miel a esa amargura que sale por sus poros.

Una tarde tan elegante como hoy sufro por la ausencia de su aroma salado de todo un día de trabajo. Por que no puedo ser su hombre. Por que probablemente jamás me corresponderá, aunque en mi sueños acontece lo contrario y la humedad de mis sabanas me lo confirman cada mañana.”

Después de terminar, se quedó mirando al horizonte. Volvió a oler aquel papel, a su vez verificaba que no hubiese nadie demasiado cerca con la periferia de la vista perdida en algún punto de lo lejos.

Capítulo III (proceso de redacción) 

Cuento: Cartas Lascivas

Capítulo I

El día de hoy no estaba de buenas. Mientras se recogía el pelo pintado de rubio, que de cuarenta le bajaba la edad a treinta, le apuñalaba en la cien la fatiga, la monotonía semanal de estar repitiendo la misma clase de literatura contemporánea a tres secciones de desorientados, este semestre. El calor no estaba cooperando. Los viernes a esta hora de la tarde acostumbra a arrancar pa’l carajo hacia Condado, a beberse una cerveza bien fría y así botar el golpe de la semana. Mas esta iba a ser la excepción. Se iba a tener que quedar en la universidad a corregir una pila de papeles como de catorce metros, que hacia par de días ignoraba. Una que ya no podía postergar, pues había entrega de notas al registrador.

Sale del salón de clases —luego de terminar de contestar las preguntas irrelevantes de los estudiantes lambones— con los motetes que no le caben en los brazos mientras pensaba cuan aborrecida estaba del embrollo en que se encontraba su vida. Arrastrando los pies como si le pesaran una eternidad en el purgatorio, llega al departamento de español para verificar su correspondencia. De entrada se percata que el área está cundida de unas profesoras viejas verdes que se rehúsan a retirarse, y que para el colmo le envidian, pues no toleran la idea de que ganó el miss Puerto Rico hace par de años atrás. Se insta a no quedarse más de lo necesario. Ya tenía demasiado, como para tener que aguantar los comentarios punzantes y el veneno entre lineas de frustradas, que probablemente desconocen la sensación que produce un orgasmo. Se dirige a la esquina donde está el apartado, se dobla, busca la etiqueta con su nombre, y recoge las tres cartas que ahí le esperaban. Las agarra con poca delicadeza y sale con afán de aquel lugar cundido de un olor a agua florida y botánica. Sube las escaleras, hacia el segundo piso de la facultad, para terminar de una vez por todas el martirio que le esperaba en su oficina, su cárcel de papel con falta de atención administrativa. Abre la puerta, desploma sus motetes en el poco espacio que aún le queda en su escritorio. Un papel se le cae al piso del alboroto, y al recogerlo ve que es uno de los acuerdos del divorcio, lo recoge y lo asegura en su maletín. Se restralla contra el maltratado asiento. Se desabotona el blazer y respira hondo. Luego de trepar las piernas sobre una pila de libros, toma uno de los ensayos que estaban al tope, que tanto esperaban ser intervenidos gramaticalmente. Al comenzar a leer, se percata de que nunca había visto tantos errores ortográficos en un solo párrafo en los diez años que lleva dando clases en la universidad, lo que le desalienta grandemente a continuar la penitencia. Ese no era trabajo de un viernes, si no de un lunes. Se lo tendría que llevar este fin de semana para la casa, pese a lo mucho que odiaba hacer eso. Después que cuco se fue de la casa —mejor dicho, desde que lo botaron— ella se había prometido a si misma a no mezclar el trabajo con lo personal; una promesa rota en más de una ocasión. Toma una de las cartas que traía consigo, la abre sin ningún tipo de cuidado, mientras está pensando en una cerveza vestida de novia. Da con que es una reunión profesoral. Una a la cual iba a tener que ir obligatoriamente, pese a no estar en la mejor disposición de escuchar la chillona voz de la decana, quien habla mucho y dice poco. Abre la próxima y es un calendario académico. Con tono sarcástico, piensa para sí “uno que será extendido mínimo tres veces, eso si tenemos suerte de pasar un semestre libre de huelgas”. En ese momento recibe un mensaje de texto de Cuco, quien ahora aprecia entre sus contactos como Cesar Paulino, de que ya había recogido a los nenes del colegio y dejado en la casa. Le manda las gracias más diplomáticas que se han inventado hasta el sol de hoy. Mira la tercera, sin remitente, un tanto olorosa a mar y arrecife con un tono leve de almizcle.  La huele para coger un buche, lo aguanta y luego de saborearlo un rato, lo exhala. Luego de darle tres palmetazos y ponerla a la luz, para tratar de ver a través del sobre, la abre y nota que está escrita a mano —cosa rara estos días. La extrañeza invadió la expresión de su cara. Le intriga la letra, era elegante, caligráfica, inclinada hacia el frente como si estuviese un tanto afilada, y quien la escribió apoyaba mucho el puño sobre el papel, dejando un gravado al otro lado de la pagina. Con ansias a la expectativa empieza la lectura.

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 Ilustración: Lucero G. Michel

“La finalidad de mi día se ha tornado tomar su instrucción. Esos segundos que se toma en llegar del pasillo a la puerta del salón de clases, hieren mi tranquilidad firme y despiadadamente. La seguridad que proyecta, enmarcada por esos ojos alargados, de color turbio, tal cual afgana de facciones extrañas, sublimes, embrujadas. Había visto cosas extrañas, pero nada que se asemejara a su persona, que aprehendiera mi conciencia y mis sentires. Pese a que esto pudiese parecer de mal gusto o fuera de lugar, no pude contener el deseo insatisfecho de acércame a usted de una forma más personal, y teniendo en cuenta las realidades que me apresan, usted es mi profesora y yo su estudiante, aunque me llena de satisfacción que esta relación haya acaecido, me azota el vacío de no poder sentirla.

Perdone los inconvenientes causados.”

Capítulo II 

Reseña: Emanado

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faldaIlustración: Lucero G. Michel

Mirada revolucionaria e inconformista que se excreta sobre el establecimiento de las construcciones de género que impone una sociedad desigual. En denuncia de una inicua pirámide, a toda boca, —con voz golpeada— y del transcurso histórico de una pequeña isla en el Caribe. Retratos de una realidad decadente, explícitas e implícitas; desaciertos, aquellos que muchos  optan por ignorar, otros que se mal interpretan a conveniencia y los que rigen la “moral” de los que se rehúsan a ver mas ayá de su inmediatez. De ahí entonces  el cuajar de esta antología personal de poesía social y cotidiana: La Mano Izquierda.

Sosteniendo la impureza entre las paginas de esta breve artesanía; lo indecoroso, aquello que se quiere disimular, pese a lo público de su naturaleza, de su realismo y cotidianidad, es cabalmente expuesta a la luz y a la desvergüenza.

La indigencia del alma prepondera, en unos versos que apuñalan la urbanización excluyente y vacía, avariciosa e hipócrita. Con un acentuado desprecio ante el imperialismo, desde la perspectiva del poderío femenino; un cuerpo que no cede a tradicionalismos hegemónicos ni amores desgraciados.

Lectura anti-dogma, anti-paradigma y anti-machista, que camina por la plaza del mercado sin ropa, señalando las dolencias de todos (incluso las propias), aunque quepa la posibilidad de salir herido; es más fuerte la valentía ideológica y el pathos derramado a cantaros que le acarrea. Entrañas expuestas ante un ejercito de prejuicios, corrompidos, sobornados y manipulados. Con cicatrices de guerras ajenas, ante un pueblo que ha sido secuestrado de su autonomía. El llamado a despertar de un profundo coma, inducido tanto desde adentro como desde afuera. Un deszombificamiento con palabras que abofetean el rostro, cuya mirada en alto, no tiene los mas puros fundamentos.

Aixa Ardín Pauneto, es una egresada de la Universidad de Puerto Rico de estudios generales, nacida en San Juan P.R. en el 1967. En el ’98 publicó su primer poemario Batiborillo. En el 2007 participó de la antología Los Otros Cuerpos, en el 2008 publicó su segundo libro Epifonema de un Amor, con trabajos narrativos y poeticos en Cachaperismos (edición 2010).

El montaje de un enjuiciamiento a la parcialización que encamina la vida queer. Aquella rabia que enjuicia el retorcido brazo de la norma viciosa, utencilio de control masivo a través de sus varias entidades. Fiscalización de jornadas corruptas, por un puño que está cansado dedefender lo obvio. Cansado de los males de un pueblo colonizado, que tanto aquejan y señalan. Es entonces la mano izquierda, la excrementicia, la impura y supersticiosa, que es usada para que nos apuntemos las faltas que debemos de corregir, pues no son enumeradas para que se sigan floreciendo en las cunetas de nuestra conciencia, si no para que el bochorno, nos obligue a limpiarnos las nalgas.

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Poema: Encebollado

encebollado

         Ilustración: Lucero G. Michel

Descascarando la rudeza de mi tez
ejecutando condicionamientos
y dogmas devenidos
de credos bastardos
de un medio evo hediondo
opresor de un anima azarada
inalienable, aunque mancillada
que resiste, perdura, subsiste
en la incultura de la aceptación y aprobación
de construcciones colectivas
complaciente de riendas
en puños oligarcas
conspiraciones y acorralamientos
y vías adulteradas,
entrenando ejércitos ciudadanos
—con ceguera— a batallar entre sí.
 
Capas de tristeza humeantes
revestidas de lagrimales
protegiendo la semilla
del amargo critico encuerado
ante los ojos viejos y purgados
que eclosionan almas con su mirada
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